Este es mi texto preferido...

Ni falta hace que les diga, que durante casi todo el proceso inflamatorio, con pústulas con pus, no quise sacarme ninguna foto. Sacaba alguna que otra sin rostro completo, para el dermatólogo nomas. 

Tampoco quise mirarme demasiado en profundidad al espejo.

Todo tenia que ser rápido, veloz, que se pasara ya... ayer.

La ilusión de "mañana no tengo más nada" siempre estaba, pero no era una ilusión alineada con realmente aceptarme, aceptar el momento que estaba transitando.

El día que una selfie me hizo llorar, fue el día que decidí hacer esta página y empezar con los talleres. 

Ese día dije, tengo que tener material, un video, una foto, como venga. Como salga... Dejando del lado el perfeccionismo que siempre me había caracterizado.

Tenia un sweater rosa, hacía frio, estaba en mi patio y elegí sacar la foto sin mucha edición, elegí hacer el video como me vino al corazón. 

La foto tiene mínima edición en tonos rosas y violetas, los elegí porque simbolizan el color de la ternura y de la transmutación. La ternura con uno mismo y el transmutar como posibilidad de transformarnos en otra cosa.

Elegí ser genuina por sobre todo material que abunda, elegí hacer este sitio para acompañar, para transitar juntos un camino que es complejo pero integrativo, porque no funcionamos bien aislándonos. Funcionamos mejor cuando entendemos que somos enormes y a veces nos pasan cosas que son solamente un capitulo del libro de la vida.

Esa selfie, la de la portada de esta página, fue la que me hizo llorar.
Ni más, ni menos. Ese día decidí mostrarme tal cual estaba. Fue la primera vez que me miré sin la ansiedad de querer que “eso” desapareciera.
La primera vez que integré lo que me sucedía, lo acepté y lo llevé conmigo a todos lados.

Con el tiempo, poco a poco, lo que parecía imposible comenzó a disolverse.
Mi piel empezó a regenerarse, y detrás de esa transformación hubo un proceso largo: más de ocho meses de introspección, pruebas, inversión de tiempo y dinero. Pero lo más valioso fue que aprendí a conocerme y a entenderme como soy. (Aún sigo aprendiendo).
Y esa comprensión fue mucho más sanadora que cualquier tratamiento externo.

Hoy esa selfie no es solo una imagen: es un recordatorio de que la belleza para mí tiene otro significado.
Es el símbolo del momento en que elegí la autenticidad por sobre la apariencia, y en que decidí que mi historia podía abrir un camino compartido y aquí lo dejo para ustedes.

La selfie que me hizo llorar fue la de ver todo lo que yo era, con los granitos inclusive. Granitos que hoy no están, o que a veces vuelven para hacerme acordar que no me olvide de ser yo.  

No te olvides de ser vos mism@. Real y presente. Aquí y ahora. No sos igual a nadie, sos únic@.


Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.