Soy fotógrafa de alma más que de técnica. Encuentro mi cable a tierra en una flor, una mariposa o un atardecer. Aprendí a mirar sin reglas, con el ojo y con el corazón, porque la naturaleza me enseña que puedo reflejar lo que ya es parte de mi.
Formé mi camino entre carreras, cursos y terapias que viví en primera persona. Lo técnico me dio bases, lo humano me dio perspectiva. Mi fuerza está en el cruce de diversos saberes que me permiten acompañar y difundir mensajes con autenticidad.
Durante años coordiné equipos, procesos y proyectos. Ese aprendizaje me mostró que también se puede acompañar lo invisible: pensamientos, emociones, momentos difíciles. Descubrí que coordinar no es sólo organizar tareas, sino también brindar claridad y guía a las personas.
La escritura y la lectura son mi refugio y mi práctica constante. Escribo para ordenar lo que siento y leo para expandir lo que sé. Un libro al mes, un cuaderno abierto y la certeza que compartir estas búsquedas genera confianza y entendimiento.